Libérate del Karate Clásico

 

Un hombre instruido visitó una vez a un maestro Zen para procurar indagar sobre el Zen. Mientras el maestro explicaba, el erudito le interrumpía constantemente con comentarios como este: «Oh, sí, nosotros tenemos eso también» y otras cosas por el estilo.

Finalmente el maestro Zen cesó de hablar y empezó a servir el té al erudito. Le llenó la taza, y entonces continuó vertiendo hasta que la taza se desbordó.

«¡Suficiente!» interrumpió una vez más el erudito. «Ya no cabe más en la taza».

«Efectivamente, ya lo veo», respondió el maestro Zen. «Si tú no vacías primero tu taza, ¿cómo puedes saborear mi taza de té?»
Espero que mis camaradas en las artes marciales leerán los siguientes párrafos con mente abierta, abandonando toda carga de opiniones y conclusiones preconcebidas. Este acto, dicho sea de paso, tiene en sí mismo un poder liberador. Después de todo, la utilidad de la taza reside en su vacío.

Haz que este artículo se relacione directamente contigo porque, aunque es sobre Jeet Kune Do, concierne primeramente con el florecimiento de un artista marcial -no un artista marcial "chino" o "japonés". Un artista marcial es primeramente un ser humano. Así como las nacionalidades no tienen nada que ver con nuestra humanidad, del mismo modo nada tienen que ver con las artes marciales. Abandonad vuestro caparazón protector que es el aislamiento y relacionaros directamente con lo que se está diciendo. Retornad a vuestros sentidos mediante el cese de toda intervención de interferencias intelectuales. Recordad que la vida es un proceso constante de relación. Recordad también que yo no busco ni vuestra aprobación, ni influenciaros hacia mi modo de pensar. Estaré más que satisfecho si, como resultado de este artículo, empezáis a investigar toda cosa por vosotros mismos y cesáis de aceptar de forma acrítica fórmulas prescritas que dictan "esto es esto" y "eso es eso".

Sobre la observación sin elección

Supongamos varias personas que están entrenadas en diferentes estilos de artes combativas y presencian una lucha callejera. Estoy seguro de que escucharíamos diferentes versiones de cada uno de estos estilistas. Tales variaciones son bastante comprensibles, porque uno no puede ver un combate (o cualquier otra cosa) "como es" mientras esté cegado por su punto de vista elegido, por ejemplo el estilo, y verá la lucha a través de las lentes de su particular condicionamiento. La lucha, como es, es simple y total. No está limitado a tu perspectiva o condicionamiento como un artista marcial chino. La verdadera observación empieza cuando uno se despoja de los modelos establecidos, y la verdadera libertad de expresión ocurre cuando uno está más allá de los sistemas.

Antes de que examinemos el Jeet Kune Do, vamos a considerar exactamente lo que un estilo de arte marcial "clásico" es realmente. Para empezar, debemos reconocer el hecho incontrovertible de que indiferentemente de sus orígenes coloreados de diversas formas (por un sabio, misterioso monje, por un mensajero especial en un sueño, o por revelación sagrada), los estilos son creados por el hombre. Un estilo nunca debería ser considerado como la pura verdad, cuyos principios y leyes nunca pueden ser violados. El hombre, el ser viviente, el individuo creador, es siempre más importante que cualquier sistema establecido.

Cabe la posibilidad de que, hace mucho tiempo, un cierto artista marcial descubriera alguna verdad parcial. A lo largo de su vida, el hombre resistió la tentación de organizar esta verdad parcial aunque esta es una tendencia común en la búsqueda del hombre de seguridad y certeza en la vida. Tras su muerte, sus estudiantes tomaron "sus" hipótesis y "sus" postulados, "su" inclinación y "su" método y los convirtieron en ley. Se crearon entonces impresionantes credos, se prescribieron solemnes ceremonias: rígidas filosofías y se formularon modelos, y así hasta que finalmente se erigió una institución. De manera que lo que se originó como la intuición de un hombre de alguna clase de fluidez personal, fue transformado en conocimiento solidificado, fijo, completado con respuestas organizadas, clasificadas, presentadas en un orden lógico. Al hacer eso, los bien intencionados, los fieles seguidores no sólo hicieron de este conocimiento un santuario, sino también una tumba en la cual enterraron la sabiduría del fundador.

Pero la distorsión no finalizó aquí necesariamente. Como reacción a "la verdad de otros", otro artista marcial, o posiblemente un discípulo insatisfecho, organizó un enfoque opuesto -tal como el estilo "blando" en oposición al estilo "duro", la escuela "interna" frente a la "externa", y todos esos sin sentidos separativos. Pronto esa facción opuesta se convirtió en una gran organización, con sus propias leyes y modelos. Empezó una rivalidad, con cada estilo proclamando poseer "la verdad", con exclusión de las demás. En el mejor de los casos, los estilos son meramente partes de un unitario total. Todos los estilos requieren ajuste, parcialidad, denegaciones, condena y un montón de autojustificación. Las soluciones que pretenden proporcionar, son la misma causa del problema porque ellas limitan e interfieren el camino a la genuina compresión. Divisivos por naturaleza, los estilos mantienen al hombre aparte unos de otros, en lugar de unirlos.

La verdad no puede ser encerrada

Uno no puede expresarse a sí mismo plenamente cuando se encuentra prisionero de un estilo limitante. El combate "como es" es total, y ello incluye "lo que es" así como también lo que "no es", sin líneas o ángulos favoritos. Al carecer de límites, el combate es siempre fresco, vivo y constantemente cambiante. Vuestro particular estilo, vuestras inclinaciones personales, y vuestro carácter físico son todo partes del combate, pero no constituyen el "todo" del combate. Si vuestras respuestas llegan a ser dependientes de una sola parte, reaccionaréis en términos de lo que "debería ser" en vez de reaccionar a la realidad del siempre cambiante "lo que es". Recordad que mientras el todo es evidenciado en todas sus partes, una parte aislada -eficiente o no- no constituye el total.

Ejercicios repetitivos y prolongados, ciertamente producirán precisión mecánica y seguridad de la clase que llega de cualquier rutina. Sin embargo, es exactamente esta clase de seguridad "selectiva", o "muletas", las que limitan o bloquean el crecimiento total de un artista marcial. De hecho muchos practicantes desarrollan tal afición, y dependencia de sus "muletas" que ya no pueden caminar sin ellas. De este modo, cualquier técnica especial, aunque inteligente diseñada, es realmente un obstáculo.

Dejemos bien entendido de una vez por todas que yo no he inventado un estilo nuevo, ni una composición ni modificación. De ningún modo he establecido el Jeet Kune Do dentro de una forma distinta gobernada por leyes que lo distingue de "éste" estilo o "aquel" método. Al contrario espero liberar a mis camaradas del cautiverio de los estilos, modelos y doctrinas.

¿Qué es entonces Jeet Kune Do? Soy el primero en admitir que cualquier intento de cristalizar el Jeet Kune Do en un artículo escrito no es tarea fácil. Recordad sin embargo que Jeet Kune do es meramente un nombre conveniente. Yo no estoy interesado por el término en sí; yo estoy interesado en su efecto de liberación cuando JKD sea utilizado como un espejo para el auto-examen.

A diferencia de un arte marcial "clásico", no existen series de reglas o clasificación de técnica que hagan al Jeet Kune Do un modo distinto de luchar. JKD no es una forma de condicionamiento especial con su propia filosofía rígida. JKD considera el combate no desde un sólo ángulo, sino desde todos los ángulos posibles. En tanto que JKD utiliza todos los caminos y medios para servir a su fin (después de todo la eficacia es algo que cuenta), no se limita por ninguno y es por lo tanto libre. En otras palabras, JKD posee todo pero no es poseído en sí mismo por nada.
Por lo tanto, intentar definir JKD en términos de un estilo diferente -sea Kung Fu, Karate, Lucha callejera, o el arte marcial de Bruce Lee- es perder por completo su significado. Su enseñanza simplemente no puede ser confinada dentro de un sistema. Puesto que JKD es a la vez "esto" y "no esto", ni se opone ni se adhiere a ningún estilo. Para comprender esto totalmente uno debe trascender la dualidad de "a favor" y "en contra" en una unidad orgánica que no tiene distinciones. La comprensión del JKD es una intuición directa de esta unidad.

No existen formas preestablecidas o Kata en la enseñanza del JKD, ni son necesarios. Considerad la sutil diferencia entre "no tener forma" y "tener no forma". La primera es ignorancia; la segunda es trascendencia. A través del sentimiento corporal instintivo, cada uno de nosotros conoce nuestra manera más eficiente y dinámica de lograr un conocimiento efectivo de nuestras palancas, equilibrio en el movimiento y un uso económico de la energía. Los modelos, las técnicas, o las formas sólo tocan el borde del conocimiento genuino. El corazón del entendimiento yace en la mente individual y hasta que esta sea tocada, todo es incierto y superficial. La verdad no puede ser percibida hasta que lleguemos a una plena comprensión de nosotros mismos y de nuestros potenciales. Después de todo el conocimiento en las artes marciales significa fundamentalmente auto-conocimiento.

Llegados a este punto podéis preguntar ¿cómo gano este conocimiento? Eso lo tendréis que encontrar vosotros mismos. Debéis aceptar el hecho de que no hay ayuda sino auto-ayuda. Por la misma razón no puedo deciros como "ganar" la libertad, ya que la libertad existe dentro de vosotros. No puedo deciros cómo "ganar" auto-conocimiento. Aunque puedo deciros qué no hacer, no puedo deciros qué deberíais hacer, ya que eso sería limitaros a una aproximación particular. Las fórmulas sólo pueden inhibir la libertad; las prescripciones externamente dictadas sólo aplastan la creatividad y aseguran la mediocridad. Tened en mente que la libertad que se origina a partir de auto-conocimiento no puede ser adquirida a través de una adherencia estricta a una fórmula. No llegamos a ser de repente libres, simplemente somos libres.

Aprender no es definitivamente mera imitación, ni es la habilidad para acumular y expeler sin esfuerzo el conocimiento fijado. Aprender es un proceso constante de descubrimiento, un proceso sin fin. En JKD no empezamos por la acumulación sino descubriendo la causa de nuestra ignorancia, un descubrimiento que envuelve un proceso de desprendimiento.

Por desgracia, la mayoría de los estudiantes de las artes marciales, son conformistas. En vez de aprender a depender de sí mismos para expresarse, siguen ciegamente a sus instructores, no sintiéndose solos y encontrando seguridad en la imitación en masa. El producto de esta imitación es una mente dependiente. La indagación independiente que es esencial para la comprensión genuina, es sacrificada. Mirad las artes marciales y sed testigos de la variedad de realizadores de rutinas, falsos artistas, robots insensibles, glorificadores del pasado, etc, todos los seguidores o exponentes de la desesperación organizada.

¿Cuántas veces se nos dice por parte de los diferentes sensei (maestros) que las artes marciales son la vida misma? Pero, ¿cuántos de ellos comprenden verdaderamente lo que están diciendo? La vida es un movimiento constante, rítmico a la vez que aleatorio. La vida es cambio constante, no estancamiento. En vez de fluir sin elección con este proceso de cambio, muchos de esos "maestros", pasados y presentes, han construido una ilusión de formas fijas, suscribiéndose rígidamente a los conceptos y técnicas tradicionales del arte, solidificando lo siempre fluyente, disecando la totalidad.

La más lastimosa vista es ver a estudiantes sinceros repetir seriamente esos ejercicios imitativos, escuchando sus propios gritos y alaridos espirituales.

En muchos casos los medios que esos sensei ofrecen a sus estudiantes son tan elaborados que los estudiantes deben prestar una tremenda atención a ellos, hasta que gradualmente pierden de vista el fin. Acaban por realizar sus rutinas metódicas como una mera respuesta condicionada, en lugar de responder a "lo que es". Ya no escuchan las circunstancias, recitan las circunstancias. Estas pobres almas han llegado sin darse cuenta a estar atrapadas en la miasma del entrenamiento de las artes marciales.

Señalando la verdad

Un maestro, un sensei realmente bueno, no es nunca un dador de "la verdad"; él es un guía, un señalador de la verdad que el estudiante debe descubrir por sí mismo. Un buen maestro por lo tanto, estudia a cada estudiante individualmente y anima al estudiante a explorarse a sí mismo, tanto interna como externamente hasta que, finalmente, el estudiante se integra con su ser. Un buen maestro es un catalizador. Además de poseer una comprensión profunda, debe tener también una mente sensible con gran flexibilidad y sensibilidad.

No existe regla establecida en el combate total, y la expresión debe ser libre. Esta verdad liberadora es una realidad sólo en tanto sea experimentada y vivida por el individuo mismo; esta es una verdad que trasciende los estilos o disciplinas. Recordad también que Jeet Kune do es meramente un término, una etiqueta para ser usada, una barca que transporta a uno; una vez efectuado el viaje, debe ser descartada y no cargada en la espalda.

Estos pocos párrafos son, en todo caso "un dedo apuntando a la Luna". Por favor, no toméis el dedo por la Luna o fijéis vuestras miradas tan intensamente en el dedo que perdáis todas las hermosas vistas del cielo. Después de todo la utilidad del dedo está en señalar más allá de sí mismo, a la luz que ilumina el dedo y todo.


Bruce Lee
(Black Belt, Septiembre 1971)